Memoria

De hecho deberíamos hablar de "memorias", en plural, porque es un sistema complejo de diferentes tipos de grabaciones.

Si no recuerdas la vida que has tenido, pierdes tu identidad.

 

Temas

 

  • Tipos de memorias
  • La función de las memorias
  • Los "pecados" capitales de la memoria.
  • Test para evaluar tus distintas capacidades de memoria.
  • Ejercicios y juegos para mantener en forma y mejorar las memorias.

 

 

Los 4 pasos de la memoria:

 

  1. Percibir (prestando atención).
  1. Registrar
  2. Retener.
  3. Recuperar

 

La memoria no es un sistema único y monolítico. Es una combinación entrelazada de diversas funciones cognitivas alojadas en nuestro cerebro que están a cargo de nuestras neuronas.

La capacidad de saber dónde estamos, de podernos orientar hacia dónde queremos ir, de recordar de manera inmediata lo que acabamos de leer o escuchar, de acordarnos de lo que comimos ayer, de cuál es el título de la película que vimos la semana pasada, de lo que tenemos previsto hacer mañana, del nombre de las personas con las que nos relacionamos, de en qué fecha cumplen años, de que les gustaría que les regalásemos, y muchas cosas más, caben bajo el concepto común de lo que llamamos memoria.

La memoria nos permite recordar hechos sucedidos en el pasado y cosas que acaban de ocurrir; datos aprendidos hace años en el colegio o instrucciones recibidas hace un instante. Nos permite también avanzarnos al futuro: anotar en nuestra corteza cerebral la lista de todas las tareas que planeamos hacer mañana mismo y en los próximos días y en qué contextos y a qué horas.

La memoria dispone de una fenomenal base de datos que acumula ─con cierto desorden que a veces recuerda un desván, todo hay que decirlo─: números, letras, frases, colores, formas, sonidos, imágenes, hechos, movimientos, emociones, experiencias, etc.

Desde bien jóvenes, aprendemos que nuestra memoria no siempre es totalmente fiable, que a veces nos devuelve recuerdos parcialmente falseados y ─lo que es más preocupante─ otras veces tarda una enormidad de tiempo en aportarnos lo que le pedimos o ─todavía peor─, lo ha olvidado por completo.

Pero no siempre los fallos de memoria y los olvidos son indicativos de que estemos perdiendo capacidad de memoria. A menudo, lo que se consideran fallos o pérdidas de memoria no son sino alteraciones de otras facultades. Puede que lo recordemos diferente porque lo percibimos diferente. Puede que no lo recordemos bien porque en el momento de grabarlo teníamos la mente ocupada en otra cosa y no prestamos la debida atención.

Para que nos funcione la memoria de datos, hechos o vivencias, hace falta, en primer lugar, que nuestros sentidos los perciban; en segundo lugar que les estemos prestando atención a nuestros sentidos; en tercer lugar, que se graben las informaciones a retener de manera correcta en las zonas adecuadas del cerebro destinadas a cada tipo de grabaciones especializadas. Pero, así y todo, no tenemos ninguna garantía de que la grabación perdure eternamente, ni de que su recuperación sea fácil y rápida: todos hemos sufrido alguna vez que el recuerdo lo tenemos “en la punta de la lengua” pero no hay manera de que salga, o nos decimos: «Lo sé pero ahora no me viene a la memoria».

¿Tiene sentido entrenar la memoria? Pues sí, absolutamente. Con las redes neuronales sucede lo mismo que con los músculos: la inacción les hace perder la forma. Los circuitos neuronales que llevan mucho tiempo sin utilizarse van perdiendo energía y, si no hay restauración providencial de las sinapsis, pueden, incluso, apagarse.

Es conveniente, pues, entrenar para conservar; hacer ejercicios mentales para mantener activas las neuronas. Está demostrado que es la mejor forma de prevenirse contra la degradación de memoria que todos queremos evitar, porque a todos nos asusta.

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