Inteligencia emocional

 

La utilidad de las emociones

 

Las emociones tienen gran importancia en varios frentes debido a que sirven para distintas funciones:

 

Función adaptativa al entorno

En el capítulo anterior hemos hecho hincapié en la función adaptativa de preparar el cuerpo para la acción que es más probable que toque aplicar.

 

Comunicación social

Los cambios fisiológicos que manifiestan en la cara y en la postura corporal son, para un observador suficientemente atento, una vía rápida de comunicación de lo que nuestro interlocutor está sintiendo. Tanto es así que se considera que la expresión de las emociones en la cara y el cuerpo es el primer nivel de comunicación cuando se carece de lenguaje. Es un hecho claro que si un gato nos recibe con lomo curvado, el pelo erizado, la cola inhiesta, los colmillos salidos y bufándonos, debemos andarnos con cuidado porque nos está avisando de que piensa atacarnos si nos acercamos demasiado. La expresión externa de las emociones es el primero y más primitivo medio de comunicación inter-especies. Es lógico, pues, que sea un buen medio de comunicación dentro la misma especie. Hasta el punto que un observador experto preferirá el lenguaje no verbal al verbal cuando tenga sospechas de posibles disimulos, por hipocresía o por la causa que sea.

Cuando una persona posee una buena gestión de las emociones en beneficio de las relaciones con los demás, decimos que goza de una buena inteligencia emocional. El control de las emociones para llegar a consensos con otros sujetos y poder actuar juntos es la base de la socialización, es decir, de la inteligencia social.

 

Estados de ánimo

Un estado de ánimo no es más que la fijación por un lapso de tiempo significativo de una misma emoción que se resiste a desaparecer. La duración de un mismo estado de ánimo puede oscilar entre unos pocos segundos a día y hasta semanas enteras. Cuando una persona no puede liberarse de un estado de ánimo negativo, tenemos una patología que puede requerir tratamiento profesional.

 

Sentimientos

Una emoción procesada y asimilada por las capas altas del cerebro da forma a un sentimiento. De la emoción de una atracción sexual puede derivar un amor de pareja. Del dolor por una pérdida puede derivar un duelo o una depresión. Del miedo por un peligro puede derivar una ansiedad.

 

Fijación de vivencias

Las vivencias acompañadas de emociones fuertes (positivas o negativas) son la que se graban con intensidad en la amígdala y se recuperan con mayor facilidad y velocidad. Las emociones son la base de una buena memorización y un refuerzo potente para el aprendizaje. Nos ayudan a aprender y recordar lo que hemos aprendido.

 

Base de la experiencia y de la intuición

Las emociones enmarcan las vivencias y las vivencias más destacadas emocionalmente (no siempre recordadas de forma consciente) son las que constituyen la base de la experiencia y de la intuición. Una emoción rápida e inmediata de aceptación o rechazo nos permite tomar juicios rápidos cuando nos falta tiempo o datos para realizar un análisis racional.

 

Alertas de peligros no concienciados

A veces una emoción insistente nos advierte de un peligro que hemos detectado de forma inconsciente. Es muy conveniente hacer caso de estas alertas emocionales y averiguar qué las ha originado.

 

Espoleta de la creatividad

Dejarse llevar por las emociones dominantes cuando estamos frente a un problema a resolver, puede ser una manera de incentivar la imaginación para hallar alternativas creativas.

 

Las emociones primarias

Muchos autores piensan que todas las emociones --de manera similar a lo que ocurre con los colores-- se pueden explicar cómo combinaciones de unas pocas emociones primarias o básicas.

Pero no existe un acuerdo unánime de los investigadores sobre cuáles son las emociones base de todas las demás emociones. El principal problema radica en que –a diferencia de los colores, que es un fenómeno físico-- una emoción tiene una dimensión psíquica que viene muy vinculada al lenguaje y los matices semánticos de cada palabra, es decir, al entorno cultural. Por ello el autor – basándose en su reflexión y experiencia profesional-- ha elegido el conjunto de emociones primarias más comúnmente aceptado pero ha preferido definir cada una de ellas con algunos sinónimos, aun cuando hay que ser consciente de que cada sinónimo posee matices que lo diferencian y particularizan.

 

  1. Sorpresa, duda. De donde derivarán los sentimientos de desconcierto, incertidumbre, dilema, problema, alerta, ansiedad, estupefacción o incapacidad de acción, entre otros.

 

  1. Certeza, seguridad. De donde derivarán los sentimientos de capacidad de acción, motivación, entusiasmo, dedicación y convicción, entre otros.

 

  1. Repulsión, rechazo, aversión. De donde derivarán los sentimientos de repugnancia, odio, desprecio, menosprecio, desdén o antipatía, entre otros.

 

  1. Atracción, apego. De donde derivarán los sentimientos de amor, filiación, sumisión, confianza, adoración, amabilidad, simpatía, gentileza, solidaridad o caridad, entre otros.

 

  1. Miedo, terror, pavor. De donde derivarán los sentimientos de pánico, temor, espanto, sobresalto, ansiedad, desconfianza, fobia, nerviosismo, escalofrío, inquietud, escrúpulos, preocupación, aprensión, sospecha o paranoia, entre otros.

 

  1. Confianza, tranquilidad. De donde derivarán los sentimientos de paz, calma, serenidad, autoestima, disponibilidad, ofrecimiento y motivación, entre otros.

 

  1. Ira, rabia, cólera. De donde derivarán los sentimientos de agresividad, enojo, mal genio, humillación, fastidio, molestia, furia, resentimiento, hostilidad, animadversión, impaciencia, indignación, irritabilidad, violencia y odio patológico, entre otros.

 

  1. Entrega, aceptación. De donde derivarán los sentimientos de amor, afecto, compañerismo, cooperación, sumisión, protección mutua y amistad, entre otros.

 

  1. Tristeza, pena, dolor. De donde derivarán los sentimientos de aflicción, autocompasión, melancolía, desaliento, desesperanza, duelo, soledad, depresión y nostalgia entre otros.

 

  1. Alegría, gozo, placer. De donde derivarán los sentimientos de disfrute, euforia, felicidad, alivio, capricho, extravagancia, deleite, dicha, diversión, estremecimiento, éxtasis, gratificación, orgullo, placer mental, satisfacción y preferencia entre otros.

 

Es útil advertir que cinco de estas emociones son de signo positivo (nos atraen y nos dan placer) y cinco de signo negativo (procuramos evitarlas y nos dan disgusto). Podemos, de hecho, considerar cinco parejas de emociones contrapuestas sobre cinco ejes emocionales primarios.

 

Las infinitas combinaciones posibles entre dos o más emociones primarias dan origen a emociones secundarias. Y si pensamos en la tremenda capacidad de elaboración sobre las emociones que poseen el neocórtex y *los lóbulos frontales para generarnos diferentes sentimientos, comprenderemos porque ni la Psicología, ni la Literatura lograrán jamás ni tan siquiera llegar a catalogar todos los posibles sentimientos humanos al completo.