Mente en forma

 

Mente en forma

 

Texto del artículo de Llorenç Guilera publicado en la sección Mente y Ciencia del número 78 de la revista MENTE SANA que edita Jorge Bucay para RBA. Reproducido con permiso de la Editorial.

 

El ejercicio físico es beneficioso para la salud, pero no solamente para la salud física. Moverse mejora las capacidades cognitivas, potencia la memoria, aumenta nuestra autoestima y ayuda a crear un estado de ánimo más estable y equilibrado. No es necesario ser un atleta; basta con caminar unos 40 minutos, tres veces a la semana, para disfrutar de todos sus beneficios.

 

Por genética o por instinto de supervivencia, los seres humanos siempre nos hemos sentido atraídos por los cuerpos de apariencia más sana. En la antigua Grecia se honraba a los mejores atletas en Olimpia, y en la Roma del siglo I, Juvenal daba a conocer su famoso aforismo mens sana in corpore sano, que hemos adaptado para señalar la relación entre la salud del cuerpo y de la mente. No obstante, esta visión dualista de la mente y el cuerpo como entidades distintas ya ha sido abandonada actualmente por la comunidad científica. Una visión holística del ser humano nos lleva a considerar, precisamente, la relación entre el ejercicio físico y nuestra salud en su conjunto.

Nuestra sociedad, poblada de vehículos a motor y “conectada” en todo momento gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación, facilita un sedentarismo altamente nocivo. La vida sedentaria figura entre las diez causas principales de discapacidad y mortalidad, puesto que propicia enfermedades como la hipertensión, las cardiopatías, la diabetes y la artritis.

En cambio, las investigaciones llevadas a cabo en el campo de la educación física evidencian que el ejercicio regular ayuda a mantener y mejorar la capacidad funcio-nal, la salud y el bienestar mental tanto de las personas mayores como de los niños en edad de crecimiento. En cualquier caso, una actividad física continuada es bene-ficiosa a cualquier edad: aumenta la fuerza muscular, la estabilidad y la coordina-ción; retrasa la osteoporosis y aumenta la movilidad; reduce el riesgo de accidentes cardiovasculares y las posibilidades de padecer diabetes. Y esto no es todo. Las investigaciones de un equipo de psicólogos de Rock Hill (EE. UU.), especializados en atender a pacientes con cáncer, han detectado que las mujeres adultas que eran más activas físicamente tenían un riesgo menor de padecer cáncer de mama. Asi-mismo, evidenciaron que las personas sometidas a quimioterapia que realizaban algún tipo de ejercicio físico acusaban menos los efectos secundarios de la misma; es decir, presentaban menor ansiedad, depresión, tensión, fatiga, náuseas, vómitos y fluctuación del peso.

El sustrato corporal de la mente es el cerebro, y el cerebro requiere ineludiblemente de un riego sanguíneo sin problemas.

Por tanto, la salud cardiovascular no sirve solo para tonificar el esqueleto y los músculos, también mantiene en condiciones adecuadas las funciones cerebrales. Además de un buen riego sanguíneo, las neuronas requieren, para efectuar con eficacia las sinapsis, contenidos importantes de ciertas hormonas y determinados neurotransmisores y hormonas. Se ha demostrado científicamente que hacer ejerci-cio físico a una intensidad adecuada elimina toxinas de nuestro organismo, retrasa el envejecimiento, ayuda a mantener activas las hormonas sexuales y genera neu-rotransmisores de la familia de la serotonina y las endorfinas. El resultado es una analgesia del dolor, una sensación de placer, un aumento de las capacidades cognitivas y de la memoria, una mayor autoestima y un estado de ánimo más estable y equilibrado.

El equipo de la investigadora Michelle W. Voss, de la Universidad de Illinois (EE. UU.), ha demostrado que tanto el ejercicio aeróbico como el entrenamiento de la fuerza muscular desempeñan un papel vital a la hora de mantener la salud cerebral y cognitiva a lo largo de la vida.

Los investigadores han observado que el ejercicio aeróbico durante la niñez propor-ciona una ventaja en el desarrollo de las capacidades cognitivas, tan importantes para el crecimiento. La inactividad física, por el contrario, se asocia a un rendimiento académico deficiente y a peores resultados en las pruebas neuropsicológicas estándar. Los efectos benéficos de la actividad física se extienden a jóvenes, adul-tos y ancianos, con evidencias sólidas de que las funciones de entrenamiento aeróbico favorecen las funciones ejecutivas, incluyendo la multitarea, la planifica-ción, la inhibición y el incremento de la memoria operativa.

Una de las razones por las que el ejercicio aeróbico frena el deterioro cerebral es porque aumenta la producción de neurotransmisores, como la neurotrofina BDNF y el IGF-1 (una hormona similar a la insulina), que promueven el crecimiento celular.

De hecho, en las investigaciones de la doctora Voss se observó un aumento gene-ral en el tamaño del hipocampo, la región cerebral donde se ubica la memoria operativa, de las personas que realizaban ejercicio aeróbico, hecho que no se constató en el grupo de entrenamiento sometido solo a estiramientos y tonificación. Este aumento del hipocampo se vio correspondido con una mejora de resultados en los test de inteligencia. Este estudio concluye, además, que basta con caminar durante 40 minutos, tres veces por semana, para obtener los resultados mencio-nados.

Por tanto, no debemos caer en el error de pensar que son imprescindibles deportes intensivos o largas sesiones diarias de gimnasio. Nuestro entorno nos brinda la posibilidad de practicar el ejercicio físico requerido: subir y bajar escaleras, cultivar un huerto o un jardín, caminar a buen ritmo todos los días, jugar con nuestros hijos o nietos, bailar, jugar a los bolos, al tenis, al squash, pasear en bicicleta, practicar taichí o yoga al aire libre… Es más, está demostrado que aunar ejercicio físico y diversión es la mayor garantía para obtener rápidamente buenos resultados y garantizar la continuidad.

El placer y el sentido de pertenencia a un colectivo que comparte los mismos intereses es un refuerzo altamente positivo para hacerse un adicto positivo al ejercicio sano.

El American College of Sports Medicine –organización americana que promueve la integración de la investigación científica y la práctica deportiva– ha evidenciado que la cantidad de ejercicio necesaria para gozar de todos sus beneficios es mucho menor de lo que se pensaba años atrás.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Essex, en el Reino Unido, afirma que unos minutos diarios de ejercicio al aire libre pueden ayudar significativamente a mejorar la salud mental, con un descenso de la depresión y la ansiedad y una mejora de la autoestima.

El estrés, por sí mismo y de forma aislada, no supone un riesgo cardiovascular. Sin embargo, es frecuente que se presente unido a otros factores de riesgo, como la hipertensión arterial, el sedentarismo, el exceso de colesterol en la sangre o la obesidad debidos a una alimentación inadecuada (comemos para disminuir la ansiedad), y a veces también al consumo de tabaco. En estos casos, el estrés sí supone un verdadero factor de riesgo cardiovascular y puede desencadenar un accidente coronario. Cada día existen más evidencias científicas a favor del poten-cial que posee el propio organismo para defenderse frente al estrés mediante el ejercicio físico y del papel vital que las endorfinas endógenas juegan en la modulación del dolor y el estrés.

En definitiva, la práctica de un ejercicio regular de intensidad moderada será la mejor ayuda que le brindaremos a nuestra mente para afrontar con éxito los desafíos cotidianos. Un cuerpo sano para una mente en plenas facultades.

 

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